En el día internacional de los museos, quisiera compartir algunas reflexiones sobre los museos en nuestro quehacer de la iluminación.
En primer lugar y después de trabajar con la luz en teatros de París tuve la oportunidad en los inicios de los años 90 de colaborar en los primeros proyectos de museos en Francia como fueron la Salle des Icônes el Musée de Rouen (museo de bellas artes), le Palais Galiera (museo de la moda), y algunos más.
Inmediatamente sentí o más bien intuí que los museos eran de los proyectos más cercanos al teatro, son proyectos en los cuales hay una “puesta en escena” que llamamos museografía, hay un director que es el museógrafo, hay un autor que es el museólogo a cargo de la creación de un guión museológico, la colección de objetos son nuestros actores.
El ámbito museal trae el requerimiento de que la luz colabore con una narrativa museológica y museográfica, de que la luz este al servicio de este proyecto marco y macro.
Esta situación de necesidad de narrativa y de comunicación abre la puerta a la puesta en luz (puesta en escena lumínica) a contar historias con la luz, a usar colores, direcciones, matices, contrastes, sombras, relieves, texturas colores, … a crear secuencias dinámicas.
La iluminación museográfica resulta ser un universo con una gran libertad de creación y a su vez condiciones de bordes muy claras y imperativas como los son la conservación, la conformación física y formal de los dispositivos museográficos,
el marco arquitectónico que envuelve la muestra museográfica.
En el día internacional de los museos, quisiera agradecer la tremenda oportunidad de colaborar con equipos transdisciplinarios en el ámbito museal todos estos años.
También agradecer que nuestro quehacer de hoy sea concentrado en gran parte en los museos de Chile y de seguir apasionado por cada proyecto, cada detalle, cada contraluz.
Imagen de diorama expuesto en el Museo de Santiago relatando el encuentro de Pedro de Valdivia con los caciques indígenas. Obra de Zerreitug